Feb 2011
El amor duele?
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Amar y ser amado es un estado en el que nos sentimos completos, realizados. Pero cuando ese amor no se consuma, no se corresponde o termina, el golpe es extremadamente duro, e incluso a veces, fatal. ¿Por qué duele tanto el desamor y cómo poder seguir viviendo cuando sucede?

Amar es un arte. Al menos así lo definió Erich Fromm, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, que dedicó al tema una de sus obras más destacadas, ese clásico publicado en 1959 y que todavía hoy se lee con atención, El arte de amar. Dice Fromm que “para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar†y que mucha gente contempla el amor como “un objeto y no una facultadâ€. Según el psicólogo y filósofo germano-americano, cuando la mayoría de nosotros, los humanos, nos plantamos frente al amor, estamos pensando como si fuéramos a adquirir una mercancía. Y es allí donde comienzan los problemas. Una de las razones que conllevan al sufrimiento relacionado con el amor es que se asume que amar es una cosa natural, para la que no hay que prepararse, trabajar, educarse y practicar día a día. “Esa actitud —continúa Fromm—, de que no hay nada más fácil que amar, sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas de lo contrarioâ€.
Amar también es sufrir. El urólogo mexicano Federico Ortiz Quezada, en su libro Amor y Desamor (Taurus,2007) explica que “desde la antigüedad, la palabra griega pathein, que significa ‘experimentar un sentimiento’, también designaba sufrimiento; pathos, que está emparentada con ella, quiere decir ‘padecimiento, enfermedad’. Pasión quiere decir ‘padecimiento’, una perturbación del estado de ánimo que no podemos controlar y su contrario es la apatía, que significa ‘falta de sentimientoâ€.

Para Voltaire, citado por Ortiz en su libro, “el amor es la más fuerte de todas las pasiones, porque ataca al mismo tiempo la cabeza, el corazón y el cuerpoâ€.
La primera clave entonces para evitar sufrir por amor sería aclarar qué es el amor, para qué nos sirve y cómo se aprende este difícil pero maravilloso arte al que, en principio, todos los humanos tenemos derecho.

La lucha contra la certeza

Muchos pensadores de diversas épocas coinciden en que la búsqueda del amor tiene que ver con la idea de que, como humanos, estamos completamente solos en el universo y así debemos enfrentar la única certeza con la que venimos al mundo: la muerte. El amor sería entonces la compañía, la protección ante la soledad de uno en la manifestación de ese otro que nos acompaña y nos completa. “La solución plena —al problema de la existencia— está en el logro de la unión interpersonal, la fusión con otra persona, en el amorâ€, según Fromm.
El sexo, relacionado con el amor, sería la manifestación por excelencia de esa compañía, de que es posible vencer la soledad. Por eso “el acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto de forma momentáneaâ€, según destaca el psicólogo.
Pero en el acto de amar la mayoría busca su propia satisfacción, cuando se supone que lo que deberíamos hacer es precisamente lo contrario. Amar es dar, no recibir. Y “dar produce más felicidad que recibir (…) porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidadâ€. Allí estaría una de las claves sobre porqué duele el amor. Quien está en la eterna búsqueda de recibir y no pretende dar o da de manera accidental, está bloqueando su propio acceso a la felicidad.
Dar amor produce amor, o al menos así debería ser: “Si por medio de una expresión de vida como personas que amamos, no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgraciaâ€, según Fromm.

Más allá del cuento de hadas

Otra de las claves sobre por qué la mayoría de las personas sufren por amor, descansa sobre la idea de que amar no significa idealizar al otro, sino ser capaces de verlo tal como es, tener conciencia de su individualidad y amar exactamente eso y no la idea que tenemos sobre lo que merece ser amado.

“Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero uno con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi usoâ€, dice Fromm. Ya esto suena complejo, pero aún hay más. El secreto para ser capaces de conocer y amar al otro tal como es radica en conocernos (y amarnos) a nosotros mismos tal como somos. “El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existenciasâ€, explica Fromm.

Esto nos ayuda a entender que existe toda una gama de sentimientos que se parecen al amor, pero no lo son y que, confundidos con este, causan sufrimiento a quienes los experimentan. Son los llamados pseudoamores, entre los que se encuentran la idealización, la idolatría, la erotomanía y el llamado amor loco, una temporal pérdida de la razón que se disfraza de amor.

Asimismo, explica Ortiz Quezada, “con frecuencia nos equivocamos y nos enamoramos de quien no debemos, levantando un amor torcido que nos hace sufrirâ€. Para el médico, la forma de evadir estas emociones tramposas tiene que ver con las elecciones que hacemos desde la ética. “A cada uno de nosotros nos toca elegir entre el riesgo de degradarnos como seres humanos o de vivir de acuerdo con la sabiduría del amorâ€. Lo que se parece a esa idea del sentido común en la que en el fondo, cada uno de nosotros sabe lo que le conviene.

Todo está en la cabeza

El amor suele estar representado con el corazón, pero si existe un órgano verdaderamente “romántico†en nuestros cuerpos es el cerebro. Las emociones, bien se sabe, son respuestas químicas que cumplen un importante papel en el organismo y sobre las que, más allá de nuestra educación y creencias, no tenemos control. “La complejidad del amor reside en que abarca distintos aspectos del cerebro humano que van dese las regiones subcorticales, donde radican las emociones, a la corteza cerebral, lugar del razonamiento y el pensamiento abstractoâ€, destaca Ortiz Quezada.

Son varios los neurotransmisores que se ven en interacción en esa especie de revolución cerebral que es el amor. “Serotonina, dopamina, norepinefrina, oxitocina, agentes opiáceos, catecolaminas, feromonas, y otrosâ€, según enumera el médico. Pero advierte que “eso no quiere decir que seamos mera biología, pues sobre el basamento biológico se impone la construcción humana, que es mayor y creciente. El amor es un legado sublime que la humanidad ha edificado, no una imposición biológicaâ€, concluye. Por lo tanto, es mucho lo que podemos aprender sobre el amor. Y de aquello que aprendemos podemos mejorar y perfeccionarnos en el arte de amar.

El dolor del desamor

Si hay un dolor fuerte, terrible, relacionado con el amor es el que se produce cuando éste termina. La separación de una persona a la que se ama genera un dolor que puede compararse con el experimentado por la muerte del otro y en algunos casos, incluso es mayor. De hecho “la separación, cuando de verdad se ama, es punzante y dolorosa, pues es la irrupción de la idea de la muerte en nuestra concienciaâ€, según destaca Ortiz.

Esto se explica porque con el desamor “el cerebro deja de activar la zona en que están esas emociones y las causas por las cuales se encendieron cesan en su acción (…) Por eso debemos cuidar tanto nuestro amor, respetarlo, acariciarlo, sostenerlo, acrecentarloâ€, añade.

No todo amor termina en tragedia. Hay parejas que llegan a la ruptura porque se dan cuenta de que su amor se ha transformado en amistad, pero es cierto que son los casos menos comunes.

Cuando el amor termina, el dolor es inevitable y, lamentablemente, no existe remedio que lo restituya. Igual que sucede con la muerte, la separación sólo puede superarse con el tiempo.

Cynthia Rodriguez

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