Aug 2010
Desórdenes Alimenticios
Leído 71 veces | Publicado en Vivir Mejor
 
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Verónica tiene 21 años y estudia en el Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de México. Es una bella y talentosa joven, aficionada a la fotografía y a la pintura. Mide 1.70 metros y pesa 50 kilos. Desde hace siete años padece anorexia nerviosa. Recientemente, tomó la decisión de vivir.

“Cuando tenía cinco años quería ser bailarina”, relata. “Mi madre me llevó a realizar la prueba para ingresar a la Escuela de Ballet de Bellas Artes. A pesar de que tenía buena técnica, fui rechazada porque no tenía el peso adecuado; es decir, pesaba lo que una niña a mi edad debería hacerlo, pero no lo requerido para ser bailarina. Creo que a partir de ese momento, empezó mi obsesión por mi peso. Me
encantaba ver a las estrellas de las revistas y mi meta era llegar a verme como Jennifer López, quien aún siendo voluptuosa, tiene una -figura perfecta-”, comenta Verónica.

Los trastornos alimenticios afectan a personas de cualquier edad y nación. De acuerdo con la Canadian Mental Health Association, éstos registran la tasa de mortalidad más alta de todas las enfermedades mentales en este país. El 90 por ciento de las personas diagnosticadas con algún tipo de desorden alimenticio son mujeres entre los 15 y 25 años. Cifras recientes de la misma organización, señalan que solamente en la provincia de Ontario existen 70 mil personas que sufren de algún trastorno de este tipo.

“Como no pude ser bailarina, a los 14 empecé a estudiar actuación. Alguien me dijo que luciría mucho mejor ante las cámaras si mi rostro fuera más delgado. Me sentía deforme, pasaba muchas horas en el gimnasio, hacía cientos de dietas, poco a poco iba disminuyendo la cantidad de alimentos y aumentando la actividad física. Llegué a pesar 40 kilos, pero aún así me seguía viendo gorda.

Un día, una amiga me habló de los ayunos, las pastillas para adelgazar, los laxantes y de cómo inducir el vomito. Me pareció que ‘temporalmente’ podría utilizar alguno de estos métodos para perder esos terribles kilos de más,” recuerda Verónica.

Estudios recientes de la Universidad de York, concluyen que las mujeres que más se adaptan a los parámetros actuales de lo que es ser bella, son aquellas que presentan una personalidad más insatisfecha y son también las que mayor incidencia de trastornos alimenticios padecen. “El control sobre mi peso se convirtió en el objetivo principal de mi vida. Todos los días me subía a la báscula para ver cuántos
kilos había perdido o ganado. Recuerdo que cuando la pesa indicó 40, me dije a mí misma: ahora 35,” agrega.

Las diversas caras del enemigo La bulimia, la anorexia nerviosa y el trastorno de comer compulsivamente son los tres tipos más usuales. Tienen características similares como la percepción de una imagen distorsionada del cuerpo, consumir alimentos de manera exagerada, períodos de ayuno o vómito inducido.

  • La anorexia nerviosa: Se caracteriza por una severa disminución de peso corporal, debido a la reducción de ingesta de alimentos. Entre los síntomas más comunes se encuentran el rechazo a mantener un peso normal o por encima del promedio, dietas constantes, ejercicio excesivo, sentirse con sobrepeso pese a una evidente delgadez, pérdida del periodo menstrual y negación del problema. Cifras oficiales señalan que el 15 por ciento de los enfermos de anorexia, fallecen por complicaciones directamente relacionadas con este trastorno.
  • Bulimia: La persona con este desorden, presenta variaciones constantes en el peso debido a períodos de apetito incontrolable seguido del uso de métodos purgativos. Algunas características
    de la bulimia son: consumir alimentos exageradamente, periodos de ayunos, abuso de medios purgativos como vómitos auto-inducidos, laxantes o pastillas adelgazantes (por lo general poco efectivos y dañinos para la salud), sensación de pérdida de control y preocupación extrema por la imagen del cuerpo.
  • Alimentación compulsiva: Casi siempre se detecta en las personas que siguen dietas rápidas o esporádicas y al término de éstas comen compulsivamente por ciertos períodos de tiempo. Con frecuencia, comen en secreto o como una forma de alivio.  Señales de alerta “A pesar de que estaba bajando de peso muy rápido, me sentía miserable. Perdí interés en la actuación y en muchas otras cosas que disfrutaba hacer. Solo quería encerrarme en mi cuarto para vomitar y hacer ejercicio. Dejé de frecuentar a mis amigos e incluso de hablar con mi familia porque me sentía deprimida, exhausta y no quería estar expuesta a nada que tuviera que ver con comida”, dice.

Los desórdenes alimenticios son difíciles de detectar. Especialistas indican que algunos pacientes pueden presentar más de uno de estos trastornos. Asimismo, alguien que padece bulimia o anorexia llega a tener un peso normal, pero las actividades que realiza pueden ser mortales.

Algunas de las conductas más comunes que suelen presentarse en este tipo de enfermedades son: baja autoestima, aislamiento social, sentirse con sobrepeso cuando el peso es normal o debajo del promedio, preocupación por la comida, la cantidad de calorías y por la opi nión de la gente sobre la figura, negación del problema, obsesión por ser perfecto, intolerancia, poca energía y dificultad para  concentrarse, entre otras.

Verónica agrega: “es difícil explicar cómo y por qué adquieres estos hábitos. La anorexia o cualquier otro trastorno alimenticio son como una adicción. Vas dependiendo cada vez mas de ello y sin darte cuenta lo utilizas para arreglarlo todo; si te sientes nerviosa, enojada, triste, como sea.”

*Eva, la madre de Verónica, añade: “mi hija siempre solía decir: ‘es mi cuerpo, es mi vida y hago lo que quiera’. Su familia y las pocas amistades que le quedaban empezamos a preocuparnos
por ella; tratamos de ayudarla en muchas ocasiones, pero se volvió muy irritable e inaccesible. En dos ocasiones se desmayó en la escuela y una vez en la calle. Se despertaba en la madrugada con mucho frío y delirando. Decía que soñaba comiendo exageradamente, que la obligaban a comer contra su voluntad, o que la comida la atacaba a ella. Estaba muy deprimida, casi no salía de su habitación, pero aún así decía que su problema no era por su delgadez.”

Para los jóvenes, los estereotipos que imponen los medios de comunicación, los problemas familiares y las demandas sociales son algunos de los factores que pueden contribuir al desencadenamiento de un trastorno alimenticio.
Otros detonantes son: tener antecedentes familiares de desórdenes alimenticios, convivir con personas preocupadas en exceso por la imagen y la apariencia, ser altamente perfeccionista y trazarse metas elevadas en la vida, haber experimentado un desarrollo precoz en la infancia, practicar rigurosamente determinadas actividades físicas o haber llegado a la pubertad con sobrepeso.

Al fondo del abismo

Para Verónica no fue fácil aceptar que padece una grave enfermedad que le estaba quitando la vida lentamente. Después de verse en los huesos y sin una chispa de vida en sus ojos, decidió buscar ayuda. “Cuando estaba en el peso más bajo, opilos chicos me piropeaban mucho y les parecía muy atractiva. Sin embargo, en ese entonces, mi autoestima y mi salud estaban por el suelo. Ya no podía más, todo estaba fuera de control. En una crisis que tuve fui hospitalizada. Además de depresión clínica, tenía una avanzada anemia, mis niveles de glucosa y potasio estaban muy bajos.

Odiaba a la persona en la que me había convertido: se me caía el cabello a montones, mis dientes se deterioraron por los ácidos del vómito y mi piel estaba reseca. Creí que me iba a morir y no me gustó para nada esa sensación.”

Las secuelas de estos trastornos son más frecuentes y severas en cuanto mayor ha sido el tiempo de evolución de la enfermedad. Lamentablemente se ha comprobado que la tasa de mortalidad se incrementa considerablemente luego de transcurridos cinco años con la enfermedad; de ahí la importancia de la detección temprana.

Los terapeutas indican que la recuperación requiere de algo más que fuerza de voluntad. El éxito de un tratamiento depende también de la influencia genética, la química cerebral, así como del historial del paciente y el apoyo familiar.  Verónica continúa en tratamiento médico y psicoterapéutico. Pese a que ha tenido algunas recaídas no se ha dejado vencer por su enfermedad. Su familia, y en particular su madre, participan activamente en su recuperación asistiendo a grupos de apoyo. La música y quitarle a su enfermedad los años que le robó son ahora los principales objetivos de su vida.

*Los testimonios de este artículo son verídicos. A petición de las fuentes los nombres han sido cambiados.

¿Necesitas Ayuda ?

En Canadá existen diferentes instituciones y grupos de apoyo para asistir a quienes enfrentan trastornos alimenticios y a sus familias.

¡Busca ayuda cuanto antes !

  • National Eating Disorders Information Centre (NEDIC): www.nedic.on.ca
  • Sheena’s Place: www.sheenasplace.org
  • National Institute of Mental Health:www.mentalhealth.com
  • Something Fishy Website: www.something-fishy.org
  • Canadian Mental Health Association: www.cmha.ca
  • Danielle’s Place: www.daniellesplace.org

Fabiola Narváez

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