Oct 2011
Los secretos de los mayas llegan a Canadá
Leído 257 veces | Publicado en Nuestra Esencia Ultima modificacion el Viernes, 28 de Octubre de 2011 20:56
 
tamaño fuente reducir tamaño fuente aumentar tamaño fuente
Vota este articulo
(0 votos)

Toronto y Ottawa tendrán la oportunidad de admirar la cultura de los llamados griegos de América, durante la exposición Maya: Secrets of their Ancient World, que se presentará en el Royal Ontario Museum (ROM) en Toronto, del 19 de noviembre al 9 de abril de 2012, y que después viajará al Canadian Museum of Civilization (CMC), en Ottawa, donde se exhibirá a partir de mayo y hasta octubre.

La muestra, realizada por ambos museos en colaboración con el gobierno mexicano y su representación diplomática en Canadá, a través del Instituto Nacional para la Cultura y las Artes (INAH), promete ser una espectacular recreación del mundo maya y un sorprendente recorrido por los más destacados descubrimientos. Se centrará en el Periodo Clásico (250 a 900 d.C.) e incluirá piezas recientemente excavadas y nunca antes vistas provenientes de Palenque, sitio con una larga historia de investigaciones y en el que actualmente se hacen importantes hallazgos.

Han sido necesarios siglos de descubrimientos, investigaciones y debates para conocer y apreciar la riqueza de esta cultura. "Hoy sabemos mucho más de lo que se sabía hace diez años", afirma Justin Jennings, uno de los cuatro curadores de la exposición.

La civilización maya, ubicada en lo que hoy es el sur de México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador, fue hasta antes de la llegada de los españoles y durante más de 2000 años, una de las más importantes culturas del mundo antiguo. Su legado es notable no sólo por las enigmáticas ciudades y vestigios que han sobrevivido hasta tiempos modernos, sino también por la exactitud de su calendario y observaciones astronómicas, una sofisticada escritura recientemente descifrada y lo refinado de sus manifestaciones artísticas. Su influencia ha llegado hasta nuestra época por medio de sus descendientes, pero se extiende más allá en tradiciones, dialectos, platillos y trajes típicos que conforman y engalanan el patrimonio material e inmaterial centroamericano.

Las teorías

La historia de la exploración, estudio e interpretación de los vestigios mayas es tan fascinante como la de la civilización misma. Después de permanecer en el olvido y abrigadas por la densa selva de la región, Palenque y otras ciudades empezaron a ser conocidas a finales del siglo XVIII y visitadas por los viajeros y exploradores que, inspirados por los ideales de la Ilustración, se aventuraban por los territorios desconocidos del Nuevo Continente. Los misteriosos monumentos provocaron innumerables teorías sobre su origen. Algunas hipótesis señalaban a los fenicios, babilonios o hindúes como posibles autores, y en general se descartaba la posibilidad de que los indígenas locales pudieran haber sido los constructores. Lamentablemente prevalecía una visión imperialista que consideraba a los pueblos colonizados como culturas inferiores y también les resultaba difícil dejar de asociar los edificios mayas con los grandes monumentos y civilizaciones del Viejo Mundo. Los dibujos realizados por el artista y explorador francés Jean-Frédérick Waldeck (1766-1875) durante su estancia en Palenque muestran una clara tendencia a comparar los edificios mayas con los egipcios, e incluyen además la representación de elefantes de la India como supuestos detalles arquitectónicos. Las distorsiones fueron probablemente involuntarias y son un error frecuentemente cometido por los artistas al copiar inscripciones, incluso en tiempos actuales, pero cuando estas imágenes fueron difundidas en Europa, inevitablemente alimentaron las especulaciones. Estas reproducciones fueron encomendadas por el anticuario irlandés Lord Kingsborough (1795-1837), quien afirmó en su obra The Antiquities of Mexico que los aborígenes americanos pertenecían a una tribu perdida de Israel. Las ilustraciones de Waldeck aparecieron años después en el libro Monuments anciens du Mexique (1866) de Charles Étienne Brasseur de Bourbourg (1814-1874), sacerdote francés y uno de los primeros estudiosos de esta cultura, quien quiso ver en los monumentos mayas un origen vinculado a la antigüedad clásica de Grecia y Roma.

Es interesante la forma en que John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood, tras visitar diversas ciudades mayas, se fueron poco a poco convenciendo de la posibilidad de que las construcciones hubieran sido "ocupadas y posiblemente erigidas por las tribus indias que poseían el territorio en la época de la conquista española", como afirma Catherwood en una publicación de 1844. Con cierta cautela, concluían que las ruinas no eran de una antigüedad inmemorial, obra de razas desconocidas, sino "producción de una escuela de arte indígena adaptada a las circunstancias naturales del país y la política civil y religiosa que entonces prevalecía". Evidentemente, algunos miembros de la comunidad científica rechazaron su teoría y la calificaron de poco seria.

Juan Pío Pérez (1798-1859), nacido aún en época novohispana en Mérida, Yucatán, es considerado el precursor de la investigación científica de la historia, cultura y lengua de los mayas. Realizó amplios y valiosos estudios, transcribió diversos libros del Chilam Balam y publicó análisis sobre la forma en que calendarizaban el tiempo. Reunió más de 4000 términos mayas y, aunque no pudo concluir la obra en vida, a él se debe el Diccionario de la lengua maya. John Lloyd Stephens reconoció el enorme valor de esta compilación y, junto con el doctor en letras Carl Hermann Berendt, finalizó y publicó el diccionario en 1887.

De forma paralela, nuevos descubrimientos fueron poco a poco respaldando los estudios de estos primeros mayistas. Tres de los cuatro únicos códices que sobrevivieron hasta la actualidad, fueron encontrados en bibliotecas en Dresde, París y Madrid y dados a conocer. La llegada de la fotografía permitió a los exploradores y eruditos de todo el mundo contar con los primeros registros exactos de los restos arqueológicos. No pueden dejar de mencionarse la influencia de las ideas independentistas americanas y el darwinismo, que abrieron la posibilidad a nuevas formas de pensar, así como el hallazgo en 1862 de una copia del manuscrito Relación de las cosas de Yucatán, realizado en el siglo XVI por el obispo español Diego de Landa. Este controvertido personaje ordenó en 1562 la quema de códices y otros objetos asociados con prácticas idolátricas con el fin de promover la conversión de los mayas al cristianismo; años después se dedicó al estudio de la cultura maya, tal vez en un intento por recuperar la valiosa información destruida en su época de inquisidor. En el libro, describió su religión, forma de vida y escritura, incluyendo una aproximada equivalencia entre los sonidos del alfabeto español y los jeroglíficos mayas. Su obra ha sido fundamental para el entendimiento de esta civilización y es considerada la Piedra de Rosetta de la cultura maya.

El siguiente paso para el desciframiento de los jeroglíficos mayas fue dado por Eric Thompson en la primera mitad del siglo XX, quien creó un meticuloso sistema de clasificación de los más de 800 signos que identificó. Por su parte, Tatiana Proskouriakoff identificó ciertos patrones en las estelas mayas y concluyó que las figuras no eran dioses y sacerdotes, como se creía en aquél momento, sino reyes; los jeroglíficos no eran símbolos religiosos indescifrables sino el relato de la vida y hazañas de los gobernantes. Para el estudio de las culturas mesoamericanas, este fue uno de los descubrimientos más grandes de todos los tiempos, pues con esto los mayas ingresaban a la historia escrita.

A otro ruso, Yuri Valentinovich Knorosov, se debe el desciframiento fonético de los jeroglíficos. Knorosov entendió que se trataba de un sistema mixto que combinaba signos logográficos –para palabras completas, como sucede en el alfabeto chino– y signos fonéticos, que correspondían a palabras o sílabas. Su teoría no era del todo precisa, pero Thompson y junto con él la comunidad científica occidental la descalificaron, también en parte como consecuencia de la Guerra Fría. Mientras tanto, los investigadores eran capaces de descifrar el significado de los códices pero no eran capaces de leerlos en voz alta. David Stuart, en la década de los ochenta y a los poco más de 18 años de edad, dio la clave final para el desciframiento de los sonidos de los glifos. Demostró que los mayas tenían especial predilección por las sustituciones y que un mismo sonido podía ser representado por distintos signos. Una misma palabra, por lo tanto, podía tener 13 o 15 versiones distintas. Esto tuvo repercusiones revolucionarias, pues no sólo fue posible leer las inscripciones mayas, sino que su historia se reveló de forma cada vez más compleja. Los mayas ya no eran astrónomos y sacerdotes pacíficos, sino una sociedad envuelta en guerras, conflictos e ideales, cuyos testimonios sorprenden y fascinan a investigadores y aficionados.

Sobre la muestra

La arqueóloga Martha Cuevas dirige actualmente en Palenque un ambicioso proyecto de restauración y recatalogación de objetos. Algunas de estas piezas recientemente excavadas y nunca antes exhibidas, podrán ser admiradas próximamente en la exposición que se presentará en el ROM y en el CMC, de la cual Cuevas es curadora junto con Justin Jennings, Jean-Luc Pilon y Roberto López Bravo. Como explica Miriam Kaiser, Directora de Exposiciones del INAH, el hecho de que las piezas provengan de excavaciones recientes es importante, pues permite conocer con precisión su origen y ubicarlas en el contexto al que pertenecieron. La muestra, conformada por cerca de 250 piezas, comprende sobresalientes esculturas, cerámicas, máscaras y joyas provenientes de museos en México, Europa, Estados Unidos y Canadá. Videos filmados en las zonas arqueológicas y espléndidas ambientaciones llevarán al visitante por un paseo al mundo maya que incluirá la explicación del desciframiento de sus jeroglíficos y del enigma que se ha generado en torno al cambio de calendario en el 2012.

Las piezas originales que se exhibirán, como se muestra en estas fotografías, son un reflejo de la magnificencia de sus ciudades y de la refinada cultura que desarrollaron. El incensario que podremos ver en la exposición, nos da una idea de la suntuosidad del templo o palacio donde estuvo alojado. El retrato en piedra de Kan Joy Chitam, que gobernó la opulenta ciudad de Palenque a mediados del siglo VI de nuestra era, está acompañado de inscripciones que probablemente relatan sus hazañas. Podemos también imaginar detalles de la vida diaria al observar la delicada figura de Jaina. La pieza nos recuerda que los pueblos precolombinos conocían los espejos hechos de obsidiana y presenta un personaje, probablemente de la nobleza, que se encuentra reclinado sobre un camastro y parece mirarse en un espejo.

La exposición será sin duda una oportunidad única para dejarnos sorprender por los prodigios de la civilización maya.

Login to post comments
Diseñado por: