Jun 2011
¡Ser padre es la mejor aventura!
Leído 1733 veces | Publicado en Nuestra Esencia Ultima modificacion el Jueves, 01 de Septiembre de 2011 14:35
 
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Los rostros y nombres de Eddie Quindamo y Manuel González son muy conocidos en la comunidad hispana y canadiense. Ambos son respetados profesionales en el campo de las bienes raíces, con una trayectoria impecable, una reputación intachable y un objetivo claro por ayudar a la gente a adquirir vivienda como el primer paso para construir un futuro. ABANICO los interrumpió en sus apretadas agendas, para conmemorar con ellos sus memorias y sueños como padres, y para celebrar el Día del Padre ¡Felicidades!

FOTOGRAFÍAS: MAURICIO JIMÉNEZ

ESTILISTA Y MAQUILLAJE: PAULA SALGADO

 

Se aprende todos los días a ser Papá

Cuando Manuel responde a la pregunta sobre la edad de sus hijas, de inmediato sigue una pausa y una cara de cierta simpatía, pues ser padre de tres mujeres de 23, 16 y 15 años es una tarea que para muchos resulta bastante complicada. Pero para él, sin olvidar decir -“gracias a Dios”-, no lo ha sido. Su secreto, que en realidad no es una fórmula mágica, sino el resultado de las lecciones que ha aprendido de sus hijas Isabel, Cristina y Diana. “Lo primordial es abrirles el camino, marcarles metas, pero dejarlas que vayan a su propio ritmo, que experimenten, y que poco a poco empiecen a abrir sus alas”, afirma.

 

Su hija Diana ya es profesional y vive en Moscú. Ahora su tarea continúa con Isabel y Cristina y, según él, consiste en orientar, ayudar pero no darles todo hecho, dejarlas que vayan haciendo con sus propias manos, y tener la ilusión de que alcancen muchas más cosas de las que él y su esposa han logrado pero todo con un solo fin: la felicidad. Que es sin duda alguna, el legado de Manuel para sus tres hijas. “Yo escucho muy a menudo de la gente alrededor que hoy hay muchos peligros, y yo lo que creo es que realmente lo que existen son muchas posibilidades. A nosotros nos educaron con la mentalidad de que el éxito está estrechamente ligado a la parte económica. A ellas les digo que hagan lo que las apasiona, lo que les gusta, pero que lo hagan muy bien y yo creo firmemente que si uno hace lo que le gusta y lo hace muy bien, el dinero viene por sí solo, se es feliz con la familia, con los amigos y para mí eso es lo que ser feliz significa”, comenta.

Compartir, dar y recibir

Manuel repite esa frase varias veces durante nuestra conversación y agrega: “Ser padre es la mejor parte de esta aventura en la que uno aprende todos los días cosas nuevas. Mi primera hija vino al mundo cuando yo me tomaba la vida con muchas ganas, pero no estaba maduro y establecido, entonces fue una experiencia muy bonita, pero difícil. Isabel y Cristina llegaron mucho más adelante, cuando profesionalmente estaba establecido, sabía lo que quería de mi vida y tenía el tiempo para disfrutarlas y verlas crecer”.

 

Y aunque su agenda siempre está ocupada, busca la manera de estar en casa para hacer tareas, jugar ajedrez, dialogar sobre el día a día, cocinar, para respaldarlas en todo lo que necesiten y sobre todo para escucharlas. “En gran parte de los trabajos que he tenido siempre he sido el que asesora a la gente, he estado en la posición de decirles lo que tienen que hacer con sus inversiones, etc. Y de pronto llega el momento en el que te haces padre y tus hijos tienen sus propias ideas, sus formas y tienes que aprender a escuchar, a entenderlos si tu realmente quieres que te escuchen, que sigan tus consejos, es compartir, es dar y recibir”, comenta Manuel.

 

Y recibir, pero no regalos, sino el apoyo incondicional de sus hijas, es tal vez la memoria que Manuel guarda más cercana a su corazón “en 2004 por razones de trabajo decidí llevarme a Isabel y a Cristina a Moscú por dos meses y fue el primer momento en el que estuve totalmente con las dos, una de siete y otra de ocho, en ese entonces. Éramos los tres y en ese momento me sentí tan orgulloso de ver la preocupación de esas pequeñitas por hacer mi vida y la de ellas más fácil, de cuidarme. No era yo con dos niñas, sino que éramos tres cada uno con sus gustos, ideas, deseos y ayudándonos para salir adelante. Llegar a casa y ver que se habían subido en una silla para poder cocinar para mí, es algo que nunca olvido”, dice.

 

De niñas a adolescentes

 

Cuando le pregunto si ya tiene yernos, suelta una carcajada y me dice: “yo soy de la idea de que tú tienes que guiar, orientar pero no tienes que imponer. Ya han ido apareciendo los primeros jóvenes, ya tienen sus primeras relaciones, pero no soy celoso. Yo vengo de una familia conservadora, de disciplina férrea, donde no nos dejaban ni respirar. Y de un día para otro me encontré a los 17 años con que me podía poner la vida de ruana y hacer todo lo que nunca se me permitió cuando estaba en casa, y yo no quiero eso para mis hijas”.

 

Y añade: “a los hijos hay que impulsarlos a que se vayan independizando poco a poco. A mis hijas desde jóvenes les hemos dado la oportunidad de descubrir, de ser independientes, han viajado, han tomado distintos cursos, aprendido distintos idiomas, etc. Poco a poco las hemos preparado para que el día que sea su tiempo de volar, afronten esa libertad con responsabilidad. Uno no puede tener un niño con la cuerda muy corta y luego decirle de un día a otro es hora de que te independices. Es un camino. Siempre les digo que mi único interés es que tengan éxito, que sean felices, mi interés no es limitarlas, es guiarlas, escucharlas y que ellas tomen sus propias decisiones”

 

Y concluye: “a todos los padres, les aconsejo escuchar a sus hijos más, compartir más, jugar más, hablar más porque la vida es cortica y el tiempo no se devuelve”.


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Giovana Andrea Pedraza Rodriguez

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