“Estaba furioso de no tener zapatos; entonces encontré a un hombre que no tenía píes, y me sentí contento de mi mismo.”
Proverbio uevamente la primavera ha llegado puntual a acariciar nuestros sentidos. Basta con ver, sentir y percibir el color y el olor de esta anhelada estación para sentirnos más vivos e intensos, llenos de optimismo, alegría y esperanza.
Aunque el origen de la primavera está basado en la posición de la tierra con respecto al sol, la humanidad a través de la historia ha buscado encontrar una respuesta al misterio y la magia que la temporada envuelve.
En la antigua Grecia, el primer día de la primavera era el día en que Perséfone, prisionera bajo tierra durante seis meses, volvía al regazo de Deméter, su madre. En las culturas indígenas de América, celebraban durante días la llegada del nuevo ciclo climático. El reverdecer de la tierra señalaba el inicio de las cosechas y con ellas el sustento de toda la sociedad. El sentido de brotar junto con la naturaleza fue enaltecido por Mahoma, quien sostenía que “no hay gota en los mares, ni fruto en los árboles, ni planta en la tierra que no tenga en cada semilla un ángel que cuide de ella”. Este despertar a un nuevo mundo era celebrado por los fenicios, quienes rendían homenaje a Astarté, mientras que en la India la hacedora del milagro del florecimiento era la diosa Kali. Más cerca de la modernidad, los primitivos cristianos tomaron la celebración pagana de la primavera como fecha anual para rememorar la muerte y resurrección de Cristo.
Como punto de partida de nuevos ciclos, la primavera está igualmente asociada a la diosa Afrodita, la deidad del amor. El despertar a la vida es también el despertar a la pasión y a la creatividad que ella conlleva. Decenas de artistas han ofrendado a la primavera sus mejores obras, entre ellos Homero quien hizo emerger de la mitología griega a Perséfone, la causante del reverdecer de la tierra, Antonio Vivaldi bautizó “Primavera” al primer movimiento de “Las cuatro estaciones”, Sandro Botticelli la retrató magistralmente en los albores del Renacimiento. Así mismo, encontramos en las poesías de Gabriela Mistral, Antonio Machado y Gustavo Adolfo Bécquer, y en las pinturas de Francisco Goya o Danes Jordi, verdaderos tributos a la estación del amor. A su vez el filósofo alemán Emanuel Kant descubrió en la primavera el origen de la vida y rindió un culto casi obsesivo a la estación.
La palabra primavera proviene del latín y se traduce como “la entrada del verano”. La semántica precisa que la primavera es una primera-vista de algo y la simbología sobre todo la psicológica lo traduce así: ver con nuevos ojos, rever, renovarse, renacer. La vida moderna ha adoptado la primavera como una oportunidad de cambio y de alcanzar la felicidad.
ABANICO, te invita a contagiarte del espíritu vibrante y colorido de la primavera. ¡Renueva tu espíritu, tu mente y tu cuerpo!
Hasta pronto,
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Martha Niño

