Apr 2012
Mamá que vale por dos.
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Ser madre es un asunto de entereza, de valentía y de total entrega por la felicidad de los hijos, que se vuelve la propia. En esta edición dedicada a las madres, queremos hacer un sentido homenaje a todas las mamás y en especial, a aquellas que por diversas razones enfrentan solas este gran compromiso. Son miles las mujeres que así lo hacen; sin embargo, en Abanico quisimos compartir una de esas historias que son ejemplo de coraje, cuando ellas son las responsables del hogar.

Sandra Charry, a la cabeza de una familia ejemplar

Apenas si tenían diez y siete años respectivamente, pero Laura y Daniella, ya se sentían niñas grandes. Sería por eso que un día Laura tuvo que ponerse un poquito seria con mamá, para que ella supiera que su pequeña era una grandulona, que sabía cruzar muy bien la calle grande, aún en invierno; levantarse a tiempo para preparar el desayuno, amarrar bien las botas de su hermanita y hacer las tareas al llegar de la escuela, sin que nadie tuviese que pedirle que lo hiciera.

Sí. Laura y Daniella eran dos chicuelas cuando se volvieron grandes. La separación de sus padres, teniendo apenas siete y cuatro años respectivamente, las obligó a crecer en un abrir y cerrar de ojos. Su madre fue testigo de cómo sus dos pequeñas se convirtieron en su mayor apoyo y orgullo, cuando ella y su esposo se separaron.
Sandra, la madre, había llegado a Canadá en 2001 con la clara meta de sacar adelante a sus hijas. Tras dos años de vivir en Canadá, ella y su esposo decidieron separarse de mutuo acuerdo, y fue entonces cuando Sandra tuvo que enfrentar toda clase de cambios en su vida, prácticamente sola y con las niñas.

Al momento de su separación, Sandra era la dueña de un café en Burlington que demandaba casi todo su tiempo, razón por la cual, se vio obligada a enviar a sus pequeñas hijas a Colombia por cuatro meses, mientras intentaba reorganizar su vida.

Cuando las niñas regresaron, la vida sí que les había cambiado. Papá ya no estaba en casa y mamá tenía que trabajar sin descanso para sacar la cafetería y el hogar adelante. Pero trabajar y ser madre soltera tenía un precio demasiado alto para Sandra.

Luego de pasar muchos momentos difíciles, Sandra decidió vender el negocio y buscarse un empleo que le permitiera estar más en casa con sus hijas: "De esa manera, yo podría dedicarle tiempo a mis hijas y cumplir con todas mis metas", recuerda Sandra.

Sandra consiguió re-direccionar su profesión de administradora de empresas, trabajando para una compañía multinacional de envío de divisas. Sin embargo, su empleo implicaba ocasionales desplazamientos semanales a la sede principal de su trabajo y en esos momentos, recuerda Sandra, era difícil encontrar a alguien que pudiera encargarse de las niñas.

"Recuerdo que antes de salir era larga la lista de instrucciones que dejaba. Por favor no jueguen con nada peligroso, hagan las tareas, o no abran la puerta a nadie. Era muy duro. Muchas veces encontraba amigas que me ayudaban, pero ellas no siempre estaban disponibles, así que en algunas ocasiones no tuve más remedio que salir con el corazón en la mano y dejar a mis hijas solas porque tenía que ir a trabajar".

Poco a poco, la compañía para la que trabajaba Sandra fue descubriendo el alto potencial profesional de esta colombiana que ya había lidiado una y mil batallas en el mundo de los negocios y que si algo sabía hacer bien era su trabajo. Así, con el tiempo, su empleo se volvió más demandante y su rutina se volvió más intensa.

Cada día que Sandra tenía que ir a la oficina, se levantaba de madrugada para dejar el almuerzo de sus hijas preparado. Una vez llegaba al trabajo, su prioridad era llamar a despertar a las niñas para que se fueran puntuales al colegio. Luego, la siguiente llamada era al colegio para verificar que habían llegado.

"Fueron tiempos muy difíciles, pero yo estaba decidida a sacar a mis hijas adelante. Eran la razón de todos mis esfuerzos. Yo tenía claro que había venido a este país a eso y nada me detendría" comenta Sandra.

Pero, ¿Qué mantenía a Sandra motivada? "El hecho de tener dos hijas que siempre me demostraron que eran responsables, me dio el valor", recuerda.

Sandra, Laura y Daniella, cultivaron con el paso de los años una unión a toda prueba, basada en un profundo amor y un alto sentido de ayuda mutua, sin importar el esfuerzo que eso conllevara. Sera precisamente por esa clase de sentimientos, que Sandra Charry piensa que ella no ha tenido que sacrificar nada en su vida, porque para ella en el esfuerzo de construir ese hogar formado sólo por madre e hijas, encontró una satisfacción sin par.

El tiempo pasó, y con los años las pequeñitas se hicieron grandes también en edad; momento en el que Sandra se convirtió en Gerente para el Mercado Hispano de Western Unión Canadá.

Su exitoso camino, labrado a punta de esfuerzo y dedicación, le ha permitido ser hoy la orgullosa madre de una pasante de las Naciones Unidas en Francia: Laura, quien hoy es una de las mejores estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad de Ottawa; y por su puesto de Daniella, quien pronto terminará la secundaria para iniciar sus estudios universitarios en Psicología.

Ahora cuando Sandra Charry mira hacia atrás, y recuerda todo lo que tuvo que pasar para poner sus hijas en el lugar donde están hoy, se asombra al revivir todo aquello que a veces le parece increíble.

Pero, increíble o no, hay algo que Sandra asegura es la clave: "mantener la motivación permite que los hijos sientan que vale la pena estar unidos; más duro es para ellos ver a una madre desmoronada; más vale el ejemplo de esfuerzo que se les dé" concluye Sandra.

Sí, un esfuerzo que Sandra supo mantener con tesón, y que pasó todas las pruebas, convirtiéndola en la cabeza de una familia ejemplar.

 

Natalia Durango

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Natalia Durango
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