Aug 2011
La diversión de la familia: el éxito de Gabriela y Cristina
Leído 296 veces | Publicado en Ellas nos Inspiran Ultima modificacion el Miércoles, 07 de Septiembre de 2011 18:39
 
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Cristina se hizo cómplice del sueño de su amiga Gabriela: crear un lugar seguro, divertido y limpio donde la familia pudiera divertirse, compartir y estar activa los 365 días del año. Tras varios años de planeación, sacrificios, paciencia, convicción y mucha determinación, en diciembre de 2009 Taima Zone abrió sus puertas y en poco tiempo se ha convertido en el lugar favorito de niños y padres. Las venezolanas Gabriela Caravelli y Cristina Huerta son las responsables de este reconocimiento. FOTOGRAFÍAS: ENRIQUE VIVAS /ESTILISTA & MAQUILLAJE: PAULA SALGADO


Perseverancia, responsabilidad y optimismo

A estas tres palabras atribuye Cristina Huerta sus logros, que expresa "aún son muchos más por alcanzar", y que tengo toda la certeza alcanzará, pues todo lo que se ha propuesto lo ha logrado. Llegó a Canadá el 7 de agosto de 1995 junto con su novio, hoy su esposo, en un viaje que ella describe como una aventura, pues no tenían la intención clara de quedarse, ya que ambos se desempeñaban exitosamente en sus carreras en su país. Pero su destino era en Canadá, y en menos de siete meses recibieron la residencia. Hoy, a los 36, es madre de Flavio Gabriel y Christian Daniel, posee un posgrado en control ambiental del Sheridan College, adelanta estudios para obtener su licencia de agente de bienes raíces y se encarga "de la economía, las compras y la organización de su empresa", como me dice.

"Al igual que la mayoría de personas que emigramos a este país, hice muchos trabajos que no tenían relación con mi profesión que es de procesos químicos. Trabajé como mesera en muchos restaurantes hasta que nació mi segundo hijo, y entonces me dije -Cristina es tiempo de trabajar en algo más-. Empecé con cursos de sistemas que me permitieron trabajar en oficinas, y luego inicié un posgrado que me sirvió para vincularme al Halton Region en el área de plantas de aguas y posteriormente en Sanofi Pasteur en el área de regulaciones, que no es exactamente lo que me apasiona que es la parte de control de calidad, pero que tenía algo que ver con mi profesión", comenta.

Pero en medio de todo este proceso, nació la idea de Gabriela de crear una propia empresa y Cristina se contagió. Desde ese día, pese a todos los obstáculos y dificultades que surgen cuando se empieza un negocio, se es madre de dos y también esposa, su optimismo y sumo sentido de responsabilidad han sido incomparables "Al comienzo fue muy difícil repartir el tiempo entre la casa, los niños, mi trabajo en Sanofi Pasteur, al cual renuncié a penas en marzo de este año, y otras tareas más que a veces me hacían sentir que no podía más, pero en esos momentos de cansancio absoluto una voz interior me susurraba sí puedes ", asegura.

Por eso no duda en afirmar que "nada es imposible cuando realmente se cree en lo que se está haciendo", y a pesar de que sus días son apretados, de manera inexplicable ha logrado encontrar ese balance para dar lo mejor de sí como madre, como esposa y como empresaria. "Tengo la certeza de que nuestro centro de juegos seguirá creciendo porque así lo soñamos Gabby y yo, y nuestras familias. Siempre les digo a mis hijos que cuando tengan 14, ya pueden empezar a trabajar en el negocio que hemos forjado para asegurarles un mejor futuro y para cultivarles desde muy jóvenes el sentido de la responsabilidad", concluye.

Es cuestión de actitud

Y eso es lo que le sobra a Gabriela Caravelli, quien entre risas me confiesa que a ella le queda muy difícil no encontrarle el lado bonito a todas las cosas. Su energía, positivismo y coraje son desbordantes, al igual que su sentido de humor que se manifiesta frecuentemente durante nuestra conversación.

Por eso, por más largo y difícil que haya sido el camino para hacer el sueño de su propia empresa una realidad, lo logró junto con Cristina y gracias al apoyo incondicional de su esposo y de sus dos hijos. Sin titubeos, afirma que "su actitud frente a la vida, sin perder el norte", ha sido el lema de su existencia que le ha permitido alcanzar poco a poco todas sus metas.

Hace 13 años llegó a Canadá con su esposo, "sin hablar una pizca de inglés", como comenta, pero con una vasta experiencia en el área de mercadeo y publicidad, que ha sido siempre su pasión. Como en una carrera contra el tiempo, se dedicó a perfeccionar el idioma y a trabajar, "sólo descansaba los domingos, y eso porque me inventé que no podía trabajar por mi religión, pero lo hacía para tener tiempo para seguir estudiando inglés en la casa porque necesitaba vincularme a lo mío", cuenta.

Cuando se sintió más segura de su inglés, empezó su búsqueda incansable por un empleo en su profesión. "Por muchas semanas me recorrí varias calles de Toronto entregando de puerta en puerta mi hoja de vida en distintas agencias de publicidad, y no pasaba nada. Finalmente me llamaron de una agencia que necesitaba gente para un proyecto en Latinoamérica y sin pensarlo les ofrecí trabajar gratuitamente con tal de que me dieran una oportunidad", recuerda.

Su inteligencia, conocimiento, creatividad y consagración fueron notados y en menos de cuatro meses fue contratada. Allí trabajó hasta que nació su hija Daniela quien inspiró la idea de Taima Zone, como me cuenta: "Cuando Daniela empezó a crecer, recibíamos invitaciones de sus amiguitos que celebraban los cumpleaños en estos centros de actividades y me encantó el concepto. Empecé a escribir mis ideas, a hacer investigaciones de mercadeo, a poner en práctica todos mis conocimientos y a trabajar día y noche en este proyecto que se ha convertido en mi querida obsesión".

Proyecto que arrancaría casi cuatro años después, casi al mismo tiempo en que nacía su segundo hijo Diego. "Los primeros seis meses fueron extremadamente difíciles. Prácticamente el negocio se convirtió en nuestra casa pues no teníamos dinero suficiente para contratar personal y lo hacíamos todo entre Cristina y yo, y nuestros esposos. Los días libres no existían, entre los niños, la casa y todo lo demás, el caos era evidente y la presión era máxima", afirma.

Pero Gabriela siempre ha sido una mujer emprendedora, valiente y con una visión clara de su futuro, y por eso en los momentos de crisis siempre se refugia en su negocio que le recuerda que todo lo que ve a su alrededor es producto de su tenacidad, carisma y credibilidad en sí misma. "A veces llegan esos días en que te quieres quedar en tu casa y compartir con tu familia, pero sabes que no puedes porque tienes que abrir las puertas al público. Siempre que llegan esos momentos, siento que Dios me envía un angelito porque son los días en los que los clientes se me acercan a decirme que es el mejor lugar para la familia, que les encanta el lugar, el servicio, el espacio. Y es allí cuando tomo otra vez fuerza y me digo esto va para adelante porque así lo queremos y porque somos un maravilloso equipo", afirma.

Giovana Andrea Pedraza Rodriguez

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