Feb 2010
Ellas nos inspiran
Por Abanico Team |
Leído 65 veces | Publicado en Ellas nos Inspiran Ultima modificacion el Miércoles, 01 de Febrero de 2012 19:42
 
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8 de marzo día internacional de la mujer.

El sol empieza a esconderse entre los árboles, mientras el helado frío invernal las congela de pies a cabeza. Como si se conocieran de toda la vida, se abrazan para calentarse y bromean sin parar, como queriendo ahuyentar al viento con su risa.

–¡Meditemos!–, dice Cecilia. Cierran los ojos y visitan con la mente un lugar muy cálido y hermoso. –Chicas es hora de la fotografía–, interrumpe el fotógrafo. Respiran profundamente, se despojan de los abrigos que las cobijan y como todas unas modelos profesionales posan frente a la cámara.

Las observo y no puedo dejar de comparar cada instante de la sesión de fotografías, con lo que cada una de ellas representa: fortaleza, determinación, valor, disciplina, pasión, adaptación, dedicación, entusiasmo, optimismo y profesionalismo, entre muchas otras.

Sus historias hablan por sí solas y manifiestan, el por qué ABANICO las eligió como ejemplo e inspiración. Son ocho mujeres porque el 8 de marzo celebramos su día, pero podrían ser muchísimas más las protagonistas de este homenaje, porque al igual que nuestras invitadas; miles de hispanas en Canadá nos enorgullecen a diario con sus proyectos, sus brillantes ideas, sus triunfos, sus luchas incansables, en tierras lejanas, por alcanzar sus sueños y los de sus familias. Ellas saben que nada es imposible cuando se tiene convicción, pasión y disciplina.  

Abanico felicita a todas las mujeres
en su día.

Introducción: Giovana Andrea Dolganiuk
Entrevistas: Beatriz Durán / Beliana Yi


Fotografías y producción: Edgar Moreno

Estilista y maquillaje: Cristina Garza

Sonia Rodríguez

Ella es Dulcinea, Bella, Julieta, Giselle, Princesa Vasilisa, Cenicienta o la Bella Durmiente con las zapatillas de rosas satinadas que usa en las presentaciones del Ballet Nacional de Canadá. Fuera de escena, es Sonia Rodríguez, la talentosa y disciplinada bailarina del Ballet Nacional de Canadá, que ostenta entre muchos otros honores el ser uno de los 10 hispano-canadienses más influyentes.
Nació en Toronto, cuando tenía cinco años su familia se mudó a Madrid, España, donde estudió danza con el reconocido maestro Pedro de la Cruz. Posteriormente, ingresaría a la Academia de Danza Princess Grace en Mónaco. En 1989 obtiene el premio Enrico Cecchetti en una competencia internacional en Capri y en 1990 regresa a Canadá e ingresa al Ballet Nacional, donde fue promovida a bailarina principal luego de diez años de intensas rutinas, ensayos y continua dedicación.

La disciplina es el eje de la vida de esta consagrada artista, que desde muy temprana edad, asumió el ballet como identidad y pasión, describiéndolo como “la expresión de su sentimiento, el sentido de su libertad, el olvido de sí misma y su movimiento de transformación”.

Su rutina comienza antes de las siete de la mañana, cuando prepara a sus dos pequeños para la escuela y seguidamente inicia sus clases y ensayos como bailarina, con apenas breves descansos. “En temporada, se agregan las funciones en las noches y apenas tengo tiempo para preparar la cena, ver televisión y leer antes de dormir. Soy disciplinada sin remedio. Hago las cosas lo mejor que puedo, sé que cometo errores porque no puedes ser perfecta”, dice.

Pero su triunfo no sólo se aplaude en el escenario, también en casa donde su familia es su prioridad. “Soy muy organizada y equilibro muy bien mi tiempo. En el trabajo el ballet lo es todo, pero en casa lo es mi familia. Manejo el estrés tomando tiempo para mí, y procuro no exigirme más de lo que puedo, pero a veces lo hago”, comenta.

Sonia afirma sentirse realizada como mujer y como artista. Reconoce que ha sido una ardua labor, más no imposible, asegurando que está en el mejor momento de su carrera y que disfruta a plenitud cada minuto de sus presentaciones, así como de sus paseos en familia a la orilla de lago. Con mucha convicción me dice: “Puedo decir que quiero todo y lo tengo”.

Catalina López-Correa

En su país la consideran como uno de los tantos cerebros fugados que triunfan en el exterior, en el mundo es una de las científicas más respetadas en el campo de la genética humana y Canadá tiene el privilegio de contar con la inteligencia, el liderazgo y la perseverancia de esta médica colombiana que ocupa el cargo de vicepresidenta de Asuntos Científicos de Genoma Quebec, una importante compañía de investigación en genética humana.

Dejó su nativa Colombia a los 25 años, tras graduarse de la Universidad Pontificia Bolivariana. Por dos años trabajó en París limpiando casas y cuidando niños para pagar sus estudios de maestría y más adelante su consagración y pasión la harían acreedora de una beca de la Universidad de Lovaina en Bélgica, donde realizó su doctorado. “Si amas lo que haces y tienes una estrellita, sólo tienes que seguirla para que con un poquito de suerte puedas alcanzar tu deseo”, afirma la científica.

Las ofertas laborales no se hicieron esperar y en su jornada por seguir su pasión vivió en Londres, Estados Unidos y finalmente llegó a Canadá. “La vida te da lo que haces. A veces los trabajos no son los que esperas, y muchas veces he pensado que ya no puedo más. Entonces, trato de buscar salidas, de seguir adelante, de ver otras oportunidades, pero siempre en investigación genética que siempre ha sido mi norte. Si uno sabe lo que quiere y hacia dónde va, con seguridad lo encuentra”, dice.

Su experiencia personal y profesional le han enseñando a adaptarse a otras culturas y a aprender de ellas, observando y escuchando, descifrando los códigos de la gente; sin perder su identidad latina y su sensibilidad como mujer. “Soy firme en mis decisiones, defiendo a capa y espada mis opiniones y valoro inmensamente al ser humano”, concluye.

Claudine Charlier

Pese a su evidente juventud, Claudine es una mujer que sabe para donde va. La joven mexicana es directora de marketing de Parfums Givenchy Canada, posición de ensueño para una persona que se define como optimista, persistente y segura de sí misma. Llegó a Toronto hace tres años atraída por la calidad de vida y las posibilidades de desarrollo profesional. A pesar de su preparación y experiencia laboral empezó a abrirse paso desde cero. “El camino puede cambiar, más no la dirección. La vida está llena de sorpresas, pero hay que vivirlo todo para llegar al final.”, explica.

Cuenta que los principales retos fueron factores externos, como el tema de la ‘experiencia canadiense’, que la mayoría enfrentamos. Sin embargo, la claridad en sus objetivos personales y profesionales la motivaron a tocar puertas y concentrarse en lo que podía ofrecer. “Canadá es un país abierto a todas las culturas y eso es una gran ventaja porque lo más importante son los resultados de tu trabajo,” comenta.
“Siempre habrá obstáculos, todo está en la actitud”, dice recordando que los ejemplos de otras personas que alcanzan sus metas comprueban que lograrlo es posible.

Los tres idiomas que habla, la experiencia en la industria, la posibilidad de trabajar en lo que la apasiona y el conquistar sus objetivos profesionales sin descuidar la vida personal son algunas de sus grandes satisfacciones. “Pienso que la felicidad es estar donde se quiere estar, hay que luchar y no darnos por vencidos”.

Asegura, que una de las claves para el éxito es “prepararnos bien y esforzarnos para llegar a ser lo mejor que podamos en cualquier categoría.”
Para ella, la otra clave es sin duda, “la determinación para no perder la brújula que guíe nuestros sueños”.

Hilda Rossi

Conversar con Hilda Rossi es como recibir una inyección de entusiasmo y convicción. Llegó a Canadá en 1964. Aprendió inglés, mejoró su educación, ingresó al mercado laboral, inició una familia y dedicó tiempo a labores voluntarias. Los retos eran similares a los de ahora aunque no existían muchos de los programas de apoyo que hoy tenemos.

“Siempre he llevado en el corazón el deseo de ayudar”, comenta la guatemalteca presidenta y fundadora del Canadian Central American Relief Effort (CCARE), organización altruista dedicada a promover el desarrollo comunitario sostenible mediante capacitación laboral, salud y educación, creada en 1998 como respuesta al desastre natural provocado por el Huracán Mitch en Centroamérica.
A 12 años de su fundación, CCARE beneficia a miles de personas. Ejemplo de su labor son los proyectos con comunidades indígenas de las montañas guatemaltecas del Merendón. “Valoro la buena fortuna que Canadá me ha brindado, pero creo que como latinos no debemos olvidar lo que dejamos atrás,” dice.

La historia de CCARE es también el relato colectivo de muchos voluntarios canadienses. Hilda nos confía que le gustaría llegar al corazón de los latinos en Canadá. “CCARE es un edificio de puertas abiertas para hacer algo por nuestros países”, explica mientras habla del apoyo que representa la chilena Ana Paredes, vicepresidenta y directora de proyectos, quien ha sido parte fundamental de la organización por ocho años.
Por su labor humanitaria Hilda ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Rotary Club Paul Harris Fellow Award y Halton Women of the Year Award 2005. En 2009 fue distinguida por la Asociación Guatemalteca Canadiense ASOGUATE.

“No debemos estancarnos cuando la vida nos presente un obstáculo. Eso debe hacernos más fuertes.” Esta mujer latina encontró la manera de cosechar esperanza donde un huracán sembró devastación.

Cecilia Salazar

Su pseudónimo es Alondra,  lo eligió hace mucho tiempo, porque representa “lo que soy y lo que somos, un ave de paso, con la libertad para volar donde mi imaginación  y mi ser me lleven”. Llegó a Canadá en 1978, luego de la intervención militar de Chile que derrocó a Salvador Allende, y a través del arte atenuó la tristeza de dejar su tierra y se hizo vocera de las injusticias a las cuales su gente fue sometida. “Al principio mi arte era oscuro porque eso era lo que yo sentía. Saqué todo lo que tenía y lo expresaba con mi arte como una terapia de saneamiento. Me di cuenta de todas las heridas que había curado y entonces pensé que podía hacer lo mismo por otras personas, llevando mi mensaje de libertad, de hacer cambios y plantando una semilla de solidaridad en el corazón de quienes asisten a mis clases”, expresa.

Se declara como artista multidisciplinaria, es pintora en acrílicos y óleos, escultora e instructora en arpilleras. “Las arpilleras chilenas son un arte humilde que ahora maravilla a mucha gente. Inicialmente, fueron confeccionadas con retazos coloridos de ropas de gente que desapareció a raíz de las persecuciones del golpe en Chile. Son bordados, usando materiales de reciclaje, que elaboraron las mujeres como ayuda económica para sostener a sus familias. Y dentro de los pedazos de telas, de sacos con diferentes productos, de ese arte, que se vendía fuera de Chile, iban escondidos mensajes denunciando la tortura y la matanza”.

Afirma que a través de las arpilleras cuenta la historia de Latinoamérica a las futuras generaciones, compartiendo una dualidad de sentimiento: la angustia y la pena, así como la motivación y la energía que caracterizan a mujeres como ella, que siempre llevarán consigo sus raíces como muestra de profunda solidaridad.
Hoy, esta luchadora incansable es reconocida como conferencista, y su arte, así como sus escritos, han sido exhibidos en distintas localidades como la Universidad de Toronto, Harbourfront Centre, entre otros, enviando un mensaje de paz desde Canadá.

Tatiana Salgueiro

Su voz es suave y pausada, uno podría quedarse escuchando sus brillantes ideas y consejos por días enteros. Parece que siempre tiene la palabra precisa y concisa para dar una solución. “Me encanta compartir ideas. Puedo escuchar y entender; ayudar y apoyar a otros para alcanzar sus metas. Me es fácil identificar esos pequeños pasos que están entre el querer y el hacer”, dice. Cualidades que la destacan en su posición de Gerente de Mercado para Latinoamérica y el Caribe de Western Union en Canadá. “En mi trabajo siento mucha satisfacción porque estoy ayudando a la gente a enviar dinero a los mercados latinoamericano y caribeño, además de ver oportunidades de negocios, y también parte de mi responsabilidad es el apoyar a nuestra gente en Canadá”, agrega.
Vivir el presente es su lema de vida. “Todos venimos con ciertos dones y tenemos que ponerlos al servicio de los demás”.

Sin embargo, no omite que el dejar su querido país natal, Perú, implicó para ella un costo profesional y emocional. “Hay que evaluar y hacer una adecuada transición para competir en el mercado laboral y enfrentar el cambio cultural. Hay que aceptar y ser muy consciente de que se está empezando en otro país y eso no es sencillo, pero se puede lograr”.

Como madre siempre está en la constante búsqueda de un mejor futuro para sus hijos y para su familia en Perú para quienes ella es una esperanza, como lo dice.

Soñadora, alegre, positiva, amante del baile y de la música latina, Tatiana es una mujer de continuos anhelos para quien la palabra imposible no existe. Asegura, “que en la brecha del querer y del hacer están los sueños’.

María Elvira Brett

Con modestia confiesa que es muy privilegiada, ya que su experiencia de búsqueda de empleo e integración al mercado laboral canadiense fue calificada como una historia exitosa por la organización ACCES Employment, que le hizo entrega de un reconocimiento en presencia de la Alcaldesa de la ciudad de Brampton y representantes del Ministerio de Inmigración y Ciudadanía de Ontario. María Elvira es venezolana y dejó su faceta de empresaria para buscar un país seguro en compañía de su esposo e hijo. Actualmente se de­sempeña como IT Senior Analyst en Johnson & Johnson. “Yo aprendí que cada quien tiene que saber esperar su momento, pero hay que forjarse ese momento con constancia y empeño”, puntualiza.

Su optimismo es desbordante, su visión clara y positiva son evidentes. “Lo más difícil es luchar contra el paradigma de inmigrante porque las personas quieren enseñarte a través de sus experiencias y muchas veces hasta te transmiten sus resentimientos. Lo más importante es tomar lo bueno y filtrar lo malo para que nada entorpezca tu camino”, afirma.

En su quehacer diario como madre enseña la excelencia y cultiva su lección de amor que le ha permitido mantener un matrimonio feliz guiado por alcanzar sueños compartidos, además del apoyo constante y la fidelidad como bandera de relación. “Soy una mujer muy sentimental. Crecí en una familia de seis hermanos muy unidos, en la que mis padres nos inculcaron los valores de la solidaridad, el respeto y la honestidad”, señala.

“Hay que vivir con humildad, ver la realidad. Las dificultades hay que asumirlas con valentía y si decides dejar tu país, hay que empezar de cero con dignidad y amor, con un proyecto de vida, dejando a un lado la infelicidad y la amargura que no dejan ver las oportunidades”, finaliza.

Fabiola Sicard

Proveniente de México, llegó a Toronto en 2003 para estudiar inglés en la Universidad de York. Pese a las condiciones climáticas, decidió cambiar sus planes de realizar su maestría de negocios en Francia y se quedó en Canadá, atraída por la riqueza multicultural de este país. Definió su propósito y lo hizo su meta: desarrollar su carrera profesional en el banco Scotiabank, empresa donde actualmente ocupa la posición de Gerente Senior en Banca Multicultural Mercados Latinoamericanos. “Siempre tuve interés en la compañía. Tenía muy claro lo que quería, y de esa manera lo fui buscando. En mi primer año me dediqué a conocer gente, a hacer relaciones y logré entrar al banco a través de una pasantía”.

Considera que es vital demostrar la pasión por lo que hacemos y por lo que queremos. Y asegura que la actitud hace una gran diferencia. “Hay muchas cosas para las que nos pueden entrenar, incluyendo hablar otro idioma, pero para la actitud no hay entrenamiento, depende más bien de uno. Además esa actitud de sí se puede, es algo que el latino tiene y que nos diferencia en Canadá. Somos muy comprometidos y todo el mundo quiere estar cerca de alguien que es positivo y trabajador. Otra cosa es que somos muy creativos, siempre podemos ver nuevas opciones o formas de hacer las cosas”, apunta.

Como profesional y madre Fabiola siempre ofrece el 100 por ciento de su capacidad e insiste en la importancia de ser positivos. Se desempeña en su trabajo con los mayores estándares de calidad y le inculca a su hija el siempre buscarle el lado positivo a las situaciones. “Por ejemplo, cuando mi hija se cae, en lugar de hacer un drama o gritar de susto, lo convierto en algo chistoso. De hecho, usamos una palabra en español: ¡Carambolas!”, cuenta.

Para ella el dominio de idiomas tiene un alcance inmenso y señala que ese es uno de nuestros retos como mujeres hispanas, el que logremos el interés de nuestros hijos por entender otra cultura, más allá de expresarlo correctamente. “Como mamá soy muy mexicana, a mi hija le hablo en español y trato de enseñarle nuestras costumbres. Ella canta Cielito lindo y sabe que a mamá le gusta hablar en español”.

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