Nov 2011
Praga Hogar del Divino Niño
Leído 1913 veces | Publicado en Destinos Ultima modificacion el Miércoles, 07 de Diciembre de 2011 03:05
 
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En Malá Strana, uno de los barrios más antiguos de esta ciudad medieval, está la casa del Niño Jesús de Praga. Más de un millón de peregrinos lo visitan cada año y su hogar es el segundo santuario de la República Checa.

Praga es una joya medieval escondida en el corazón de Europa. La llamada Ciudad de las Cien Torres parece suspendida en el tiempo. Es una capital europea como ninguna. Bella por ser diferente, por conservar aún calles con nombres impronunciables que obligan al turista a recordar que Praga no se traduce, se recorre y, al hacerlo, se descubre.

Cambios sociales, culturales y políticos han sido una constante en el pasado de la República Checa y de su capital. La ciudad ha visto reyes, santos, nazis y comunistas. Su historia ha quedado escondida entre las murallas de su famoso castillo, en la expresión de sus estatuas, en su magnífica catedral y en sus iglesias; sumergida bajo su majestuoso Puente Carlos o disfrazada de poesía en las notas de su música y literatura.

En diciembre, la singular belleza de la ciudad de Kafka y Dvorak se duplica al transformarse en una réplica viviente de aquellas aldeas que en miniatura decoran muchos hogares en Navidad. Luces multicolores y músicos ataviados a la usanza de la Edad Media alegran las plazas donde turistas y locales se reúnen para disfrutar el famoso Mercado Navideño.

Una imagen familiar

Es ahí, entre cristales de Bohemia y juguetes de madera, que me encuentro de pronto con la imagen de un Niño Jesús. Con curiosidad, pregunto sobre esta representación, pero nadie sabe dar más detalles, hasta que finalmente un vendedor de origen musulmán me explica que la pequeña estatua corresponde al Niño Jesús de Praga, conocido por los devotos en América Latina como el Divino Niño.

El vendedor nota mi sorpresa por el inesperado hallazgo. He visto la imagen reproducida en muchas iglesias, pero jamás pensé que el Pequeño Rey tuviera su hogar permanente en este rincón del mundo.

Intrigada me dirijo al barrio Malá Strana, uno de los más antiguos de Praga. Ahí se ubican la Iglesia de Santa María de la Victoria y el monasterio de los Carmelitas Descalzos, custodios de la reliquia.

La iglesia tiene un exterior austero. Al observarla confirmo que la ciudad está llena de tesoros escondidos a plena luz. En el interior, me encuentro un grupo de visitantes. No sé si son peregrinos o si, al igual que yo, han llegado al lugar dirigidos por una feliz coincidencia.

La imagen del distinguido residente mide menos de cincuenta centímetros y el día de hoy viste un hermoso traje bordado con los colores de la estación. Tiene una mano extendida en señal de bendición y en la otra lleva la figura de un globo dorado. Un niño con el mundo en las manos. Un pequeño portador de esperanzas.

Más de un millón de peregrinos lo visitan cada año y su hogar es el segundo santuario de la República Checa, después de la catedral de San Vito. Para conocer su historia, decido visitar el museo que está en el interior de la iglesia. Ahí se puede observar una amplia colección de regalos, cartas y notas de agradecimiento por los favores recibidos. Entre decenas de trajes encuentro uno de México, otro de Colombia y uno más de Perú.

De España a Praga

Este niño Jesús que vive en Praga y se venera mundialmente es de origen español. La fe no conoce distancia. ¿Cómo llegó a la República Checa? Algunas versiones cuentan que la imagen perteneció originalmente a Santa Teresa de Avila, fundadora de los Carmelitas, quién se la dio a una amiga cuya hija se iba a vivir a Praga.

La historia dice que la estatua fue llevada a Bohemia en 1556 por una duquesa española que la recibió de su madre como regalo de bodas. Después, la figura pasó a manos de su hija, la princesa Polixena de Lobkowicz.

En 1628, la princesa la obsequió a los Carmelitas, quienes la colocaron en un oratorio. La generosidad de Polixena llegó en el momento preciso, pues sin saberlo esa pequeña presencia los acompañaría en una secuencia histórica que demandaría mucha fe y fortaleza.

En los siguientes años se desataron violentos conflictos entre protestantes y católicos que culminaron con la Guerra de los Treinta Años durante la cuál la iglesia fue atacada y los Carmelitas expulsados de la región. Tiempo después, al volver a Praga, un Carmelita de Luxemburgo recuperó la imagen, que para entonces había perdido ambas manos. El religioso la restauró y encomendó bajo su cuidado la reconstrucción de la ciudad, de la iglesia y del bienestar espiritual de los creyentes que sobrevivieron.

La respuesta a sus oraciones fue una sucesión de milagros atribuidos al Divino Niño de Praga que pronto se extendieron por Europa. Al final, su devoción llegó a América Latina, donde hoy se le puede encontrar prácticamente en todas las iglesias y hogares católicos.

Como la ciudad, el Pequeño de Praga ha resistido guerras, invasiones Nazis, represiones comunistas y revoluciones. Es una presencia permanente en un país donde el cambio ha sido persistente.

Me detengo un momento más a observarlo. Según las creencias personales se le puede ver como al Hijo de Dios o como a un niño.

Su rostro me recuerda las maravillas de la niñez. La infancia es un mundo milagroso. Los niños, humanos o divinos, nos permiten contemplar un espejo donde la fe y la esperanza están siempre presentes. Nadie como un niño para hacernos creer que todo es posible.

Para más información:

Niño Jesús de Praga

http://www.pragjesu.info

Turismo Praga

http://www.czechtourism.com

"La historia dice que la estatua fue llevada a Bohemia en 1556 por una duquesa española que la recibió de su madre como regalo de bodas"

"Como la ciudad, el Pequeño de Praga ha resistido guerras, invasiones Nazis, represiones comunistas y revoluciones. Es una presencia permanente en un país donde el cambio ha sido  persistente"

Beatriz Durán

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