Visitar la legendaria ciudadela es el sueño de muchos, más aún cuando la oportunidad de hacerlo coincide con el centenario de su descubrimiento. ABANICO se une a la celebración en un recorrido inolvidable. FotografÃas: www.machupicchu100.or.pe
Siguiendo los consejos de amigos peruanos iniciamos el camino en Cusco, ciudad que cuenta su historia a través de su arquitectura. Fundada por los Incas, sus edificios conservan cimientos de piedra labrada que contrastan con balcones coloniales.
Prevenidos sobre el mal de altura pasamos los primeros dÃas en calma. A 3,300 metros el cuerpo necesita ajustarse, asà que nos dedicamos a pasear la Plaza de Armas, la catedral, los museos, las galerÃas y saboreamos pachamanca a la leña y trucha horneada en los restaurantes Chicha, de Gastón Acurio y Pacha Papa.
Cuando al fin partimos hacia Machu Picchu o Monte Viejo en quechua, nos sentimos con la energÃa necesaria para aprovechar la visita.
Tomamos el tren de las 6 de la mañana con destino hacia Aguas Calientes, el pueblo más cercano a la ciudadela. Las ventanas panorámicas permiten disfrutar el paisaje andino y el servicio de PeruRail es impecable. Cientos de viajeros desvelados nos acompañan en la ruta de tres horas.
Hoy todos somos exploradores, alguien dice y sus palabras me hacen pensar en Hiram Bingham, el profesor norteamericano a quien se atribuye el descubrimiento cientÃfico de la ciudadela en julio de 1911. Imagino qué pasarÃa por su mente cuando encontró la imponente ciudad.
Bingham no fue el primero en Machu Picchu, aclara Willy nuestro guÃa, quien nos recibe en Aguas Calientes y nos acompaña en el ascenso por autobús que culmina en el paradero turÃstico.
La gente de la región siempre supo de su existencia, entre ellos Melchor Arteaga quien orientó a Bingham. Incluso se sabe que cuando el explorador llegó a la cima de la montaña se encontró con familias que vivÃan en tierras cercanas a la zona arqueológica. Fue un niño campesino quien lo llevó hasta la ciudad.
Bingham jamás imaginó lo que encontrarÃa, ni llegó buscando Machu Picchu, como él mismo cuenta en su crónica La ciudad perdida de los Incas.
Willy hace una pausa en su relato. Intuye que el silencio es necesario para absorber la vista que se extiende delante de mis ojos. AhÃ, frente a mà está la ciudadela. Por años he oÃdo hablar de su grandeza, pero nada supera verla por primera vez.
Miro alrededor y comprendo que la emoción es compartida. Hay muchos visitantes y sin embargo son pocas las voces que se escuchan. Hablan los guÃas mientras los demás callamos en admiración.
Continúa el recorrido y visitamos el Intiwatana, indicador de solsticios y equinoccios; paseamos la Plaza Sagrada, con su fina arquitectura; contemplamos el Templo del Sol que fue observatorio astral; tocamos el agua que fluye por un complejo sistema de fuentes. Por toda la ciudad colosales piedras de granito se enlazan magistralmente, como piezas de un rompecabezas. A cada paso nos espera una sorpresa.
Si bien Machu Picchu es monumento viviente de una cultura milenaria, también es un testamento de la grandeza del espÃritu humano. Quienes la construyeron imaginaron lo imposible y lo hicieron realidad. Erigieron una ciudad compleja y armónica en la cima de una montaña, a más de 2,000 metros de altura, guiados por su creatividad y determinación.
Cuentan que Bingham es la inspiración de Indiana Jones, un explorador que va a la aventura sin saber qué encontrará y recuerdo las palabras que escuché en el tren: Todos somos exploradores.
La voz de un niño me devuelve a la realidad ¿Por qué construyeron tan arriba papá? Para estar cerca del sol, cerca de dios, le responden. Al ver las nubes descender sobre Machu Picchu también yo me siento cerca del cielo.
Machu Picchu se limita a 2,500 visitantes por dÃa. No se venden tiquetes en la entrada. Recomendamos llegar lo más temprano posible y tomar el último regreso. La temporada de lluvias es de marzo a noviembre.
Para mayor información puedes visitar :
www.peru.travel
www.promperu.gob.pe
www.machupicchu.gob.pe
www.perurail.com


